Desprendida de mi propia sed,
voy hacia tu océano, o debo decir
tu cielo?.
Con temor me aferro al hilo conducente
que me entrama a tu universo.
Sensible, sensorial, entrecruzando
irrealidades.
Aquí, ahora, tu piel irradia
calidoscópicos fulgores que me
llevan con arrebatos
hacia el éxtasis.
Me maravilla la visión de tus manos
que derraman en mí
aladas caricias.
Al hacerte visible en mi escritura
te descubro dentro de mí, afuera, cerca
impetuosa tempestad, iluminándome. . .

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados