A Yves Tanguy

Desprendida de mi propia sed,

voy hacia tu océano, o debo decir

tu cielo?.

Con temor me aferro al hilo conducente

que me entrama a tu universo.

Sensible, sensorial, entrecruzando

irrealidades.

Aquí, ahora, tu piel irradia

calidoscópicos fulgores que me

llevan con arrebatos

hacia el éxtasis.

Me maravilla la visión de tus manos

que derraman en mí

aladas caricias.

Al hacerte visible en mi escritura

te descubro dentro de mí, afuera, cerca

impetuosa tempestad, iluminándome. . .